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“καλῶς ἐσθίεις, γενναίως ἐσθίεις, ἐλπίδας ἔχεις ἀγαθάς”

HPs 77,IV,4 (GCS OW XIII 394,3)

1 Elementos generales

El sentido espiritual del comer y beber y, en general, de los alimentos, es uno de los temas predilectos de Orígenes, tal como lo había constatado ya en 1970 Josep Rius-Camps1. Las casi dos páginas que el estudioso catalán le dedica al tema, en todo caso, no bastan para subsanar el diagnóstico que, casi diez años antes, había hecho Henri Crouzel: sobre el argumento de la nutrición espiritual, “la bibliografía es casi nula”2. El tratamiento que elabora el origenista francés, mediante la asimilación de nutrición y misterio, explora la analogía entre la alimentación corporal y la espiritual3, y subraya elementos clave en torno al progreso espiritual, y al rol del Logos en este proceso.

Después de Crouzel y Rius-Camps se sitúa un importante artículo de Cécile Blanc. Ella, comenzando de la convicción de que, en la teología de Orígenes, “la imagen del alimento sirve para expresar no solamente las relaciones entre los hombres, sino la vida misma de Dios”4, analiza el tema en perspectiva de antropología teológica. En la misma línea se inscribe el artículo de Virginia Noel5, quien, junto con insistir en la necesidad de valorar más positivamente el acercamiento de Orígenes a las realidades sensibles, sigue de cerca a Blanc en una exposición, en perspectiva mística, de algunas imágenes de nutrición presentes en algunas obras del Alejandrino. El panorama bibliográfico al 2020 no es muy distinto6, no obstante interesantes acercamientos, entre los que destacan dos:

En primer lugar, el artículo de Francesca Cocchini7 donde, en el contexto principal del CRm, se estudia la recepción de Orígenes de la polémica acerca de la legalidad de los alimentos. La motivación del Alejandrino, constatada por Cocchini, son los grupos encratitas de proveniencia tanto judaizante como pagana que, durante el siglo tercero, florecían en Cesarea. Por otro lado, también la polémica antignóstica, que redunda en una explícita afirmación del progreso espiritual mediante imágenes del ámbito del comer y beber, no está ausente de la consideración de la estudiosa italiana.

El segundo trabajo, más reciente, es el de John David Penniman8. Su tratamiento del tema en Orígenes se enmarca en el estudio del uso de metáforas del comer y beber, principalmente del ámbito del binomio paulino leche/comida sólida, en todo el cristianismo primitivo. La extensión cronológica del trabajo de Penniman –unos cinco siglos– condiciona que la referencia a la obra de Orígenes sea casi exclusivamente al Prin. El acento es notoriamente antropológico, y ciertos presupuestos teológicos acerca del carácter –estático o dinámico– de la teología del Alejandrino, condicionan conclusiones que se cuestionarán a lo largo del presente trabajo9.

En este panorama, en el que es posible encontrar buenos trabajos en forma de artículos e, incluso, secciones de libros, se constata no solamente una carencia de monografías de carácter sistemático, sino también que consideren más extensivamente la obra del Alejandrino10. En medio del contexto descrito, la presente investigación pretende estudiar, de manera sistemática, la utilización teológica de metáforas del ámbito del comer y beber en la obra origeniana, con la intención de indagar y evidenciar la extensión de su presencia, y, especialmente, los temas teológicos que son expresados mediante tales metáforas.

2 Hipótesis, objeto, método y estructura

Considerando la obra y teología de Orígenes y, habiendo realizado una aproximación parcial al tema11, este trabajo comienza de la siguiente hipótesis: el estudio y sistematización de los textos origenianos, donde las metáforas de comer y beber son utilizadas como vehículo de expresión teológica, permite, por una parte, reconstruir elementos clave de la teología de Orígenes, desde su consideración teológica del mundo material, hasta su doctrina trinitaria12, mientras que, por otra, ayuda a descubrir nuevos matices de su pensamiento, en el sentido de que estas metáforas ilustran de manera más eficiente algunos aspectos teológicos.

Esto supone considerar a Orígenes un sistemático, en el sentido de que él, a partir de convicciones filosóficas y teológicas, elabora una visión suficientemente amplia y coherente de la teología cristiana, al punto de poder llamar a este resultado un sistema. De entre las convicciones que articulan este sistema, en todo caso, hay una concepción tan fina y real del misterio de Dios, y de su revelación en el mundo a los hombres y mujeres en esta misma clave de misterio, que revierte en que también cierta postura gimnástica13 y libre del pensamiento del Alejandrino pueda ser considerada como parte de su sistema. Esto implica, a mi juicio, que tanto en aquello de lo que Orígenes está convencido, como en lo que guarda silencio, propone opciones, o deja libertad de elección a su auditorio, se expresa un sistema teológico coherente.

La hipótesis misma revela ya cuál será el objeto de estudio, a saber, por una parte, los textos en que Orígenes utiliza metáforas de comer y beber para expresar o ejemplificar contenidos teológicos, y, por otra, los textos en que utiliza argumentativamente pasajes bíblicos que vehiculen su sentido a partir de metáforas del ámbito del comer o beber. Entiendo metáfora al modo clásico, como la transferencia de sentido entre el literal de un término a otro que no puede aplicarse en sentido propio, sino análogo14 ; es decir, como la introducción de una denominación ajena15 en un contexto en el que pareciera el propio16. A partir de estos textos en que se exhibe la metáfora, entonces, se buscará mostrar qué es posible reconstruir y profundizar en la exégesis y teología del Alejandrino.

No se trata, entonces, de un estudio de los alimentos o bebidas en Orígenes (que, en sí mismos, pueden poseer un simbolismo teológico muy interesante, pero al margen de si se comen o beben), sino del provecho simbólico que hace el autor, en perspectiva teológica, de los actos de comer y/o beber. Esta consideración se extiende, en todo caso, también a todo aquello que rodea el comer y beber, a saber, seleccionar ingredientes, mezclarlos y cocinarlos, la comensalidad, los efectos –positivos y negativos– que provocan los alimentos y bebidas en las personas que los ingieren, y, finalmente, su eliminación “en la letrina”17.

El método utilizado supone la lectura de la obra origeniana18, identificando los pasajes que respondan a lo descrito como objeto de estudio. Esto requiere, por una parte, aislar los textos, reconociendo su contexto, vocabulario, sentido y presupuestos históricos, teológicos y fisiológicos, y, por otra parte, clasificarlos de manera estandarizada, con el fin de distinguir y catalogar los elementos que permitan agruparlos en unidades coherentes. Estas unidades, grandes clasificaciones, son tres: fisiología, hermenéutica y teología; se trata de grandes motivos reconocibles en los textos aislados, y constituyen la infraestructura de la presente investigación.

La estructura responde tanto al método exegético como a la teología del mismo Orígenes. Se dijo que, en la lectura de su obra y en la consideración de cada texto por separado, se descubren tres grandes temas, a saber, fisiología, hermenéutica y teología. Optando por considerar cada uno de ellos como capítulos de la presente investigación, la pregunta que brota es respecto al orden en que deben ser tratados. En este sentido, se ha considerado dos posibilidades:

  1. Hermenéutica, fisiología, y teología. Este esquema tiene la ventaja de explicar, desde el método exegético de Orígenes, el sentido de la presencia de elementos fisiológicos como presupuestos a la teología. La desventaja, es que este esquema muestra, más que el marco teórico y práctico del Alejandrino, mi propia comprensión de su teología, en la que considero que hay elementos hermenéuticos que determinan cierta aproximación a la fisiología con interés teológico.
  2. Fisiología, hermenéutica y teología. Este esquema tiene la ventaja de hacer patente no solamente la teología y método exegético de Orígenes, tal como él lo aplica en su obra, sino también su propia visión de mundo en cuanto dos realidades –letra y espíritu– que se superponen. En este sentido, la misma estructura revela aquello que es posible hallar en sus textos, en los cuales se observa una atención primaria a las realidades corporales para subir desde ellas, mediante cierta técnica hermenéutica, a las espirituales. La desventaja de esta estructura es que, a lectores que son ajenos al pensamiento del Alejandrino, puede parecerles inadecuada, prefiriendo ellos el primer esquema descrito.

Considerando ventajas y desventajas de ambas posibilidades, he preferido la segunda. Con la intención de probar si este esquema es funcional a nivel argumentativo, por una parte, y que no lesione las ideas del mismo Orígenes, por otra, se aplicó en el Prin, que es una obra no solamente importante por su tenor argumentativo, sino porque la presencia de metáforas de comer y beber es suficiente para dedicarle un artículo19. Este es el esquema que se sigue en la presente investigación, reconociendo que, si bien la intención es darle realce a aquello que observo como modelo más origeniano, no están ausentes tampoco mis propias convicciones acerca de Orígenes, su método y teología.

En concreto, el primer capítulo tratará el contexto, tanto cultural como fisiológico, de las metáforas de comer y beber. En el segundo, se expondrán las indicaciones hermenéuticas que es posible recabar del uso de metáforas de comer y beber. El tercer y último capítulo, el más largo porque es propiamente el objeto de esta investigación, tratará acerca de la teología que es posible observar en el uso de metáforas de comer y beber. Este capítulo, a su vez, tendrá una articulación que parte con las realidades inferiores, y termina con la Trinidad. El esquema más detallado de cada sección se expone cuando corresponde.

1

Cf. Josep Rius-Camps, El dinamismo trinitario en la divinización de los seres racionales según Orígenes, Orientalia Christiana Analecta 188 (Roma: Pontificio Istituto Orientale, 1970), 360.

2

Henri Crouzel, Origène et La “Connaissance Mystique” (Paris: Desclée de Brouwer, 1961), 166, nota 2. Los dos libros que Crouzel refiere en su nota, en todo caso, tampoco son propiamente monografías dedicadas al tema, sino que lo tratan dentro de una temática más general. Las obras referidas son: Ferdinand Kattenbusch, Das apostolische Symbol: seine Entstehung, sein geschichtlicher Sinn, seine ursprüngliche Stellung im Kultus und in der Theologie der Kirche; ein Beitrag zur Symbolik und Dogmengechichte (Leipzig: J.C. Hinrichs, 1894), especialmente las páginas 134–179, que dedica a Orígenes; Hans Urs von Balthasar, Parole et mystère chez Origène (Paris: Du Cerf, 1957).

3

Cf. Crouzel, Origène et La “Connaissance Mystique,” 167–72.

4

Cécile Blanc, “Les Nourritures Spirituelles d’après Origène,” Didaskalia 6, no. 1 (1976): 19.

5

Virginia Noel, “Nourishment in Origen’s on Prayer,” en Origeniana Quinta. Papers of the 5th International Origen Congress Boston College, 14–18 August 1989, Bibliotheca Ephemeridum Theologicarum Lovaniensium, CV (Leuven: Leuven University Press, 1992), 481–87.

6

Un status quaestionis acerca del tema puede consultarse en Fernando Soler, “Gustar y participar del Logos en Orígenes: Acercamientos al ‘gusto’ como sentido espiritual,” Adamantius 23 (2017): 416–18.

7

Francesca Cocchini, “La questione dei cibi (Rm 14) nel Commento di Origene alla Lettera ai Romani,” Adamantius, no. 18 (2012): 218–25.

8

John David Penniman, Raised on Christian Milk: Food and the Formation of the Soul in Early Christianity, Synkrisis: Comparative Approaches to Early Christianity in Greco-Roman Culture (New Haven & London: Yale University Press, 2017). Específicamente las páginas 109–137, dedicadas a Orígenes.

9

También se referirá a la bibliografía que, sin tratar primariamente del tema del comer y beber como metáfora teológica en Orígenes, incursiona en sus fértiles terrenos.

10

Una deficiencia de base proviene del hecho de que todos estos trabajos fueron realizados antes del hallazgo y editio princeps de las HPs.

11

Esta aproximación fue, en primer lugar, lexicográfica mediante el TLG (búsqueda y revisión del contexto de los vocablos ἄρτος, γάλα, δειπνέω, δίψα/διψάω, ἐσθίω/ἔδω, λιµός, οἶνος, πίνω, τρέφω y τροφή que, en conjunto, recurren 1805 veces). En segundo lugar, el acercamiento fue bíblico mediante la BiPa (citas de Orígenes a tres textos clave: Rm 14,2; 1Co 3, 2 y Hb 5,12–14 que, en conjunto, son citados 195 veces).

12

Esta hipótesis considera la conclusión de Blanc, citada anteriormente: “Ainsi l’image du repas sert-elle à exprimer non seulement les rapports des hommes entre eux mais la vie même de Dieu”: Blanc, “Les Nourritures Spirituelles d’après Origène,” 19.

13

Cf. Lorenzo Perrone, “Metodo,” en Origene: Dizionario: La Cultura, Il Pensiero, Le Opere, ed. Adele Monaci Castagno (Roma: Città nuova, 2000). En esta voz del diccionario, Perrone contesta una visión de Orígenes como sistemático en un sentido distinto al que yo uso acá; sigo a Perrone en que no es posible pensar la teología del Alejandrino como un sistema, en un sentido fuerte.

14

Cf. la definición y textos clásicos presentados por Carla Noce, Vestis varia: l’immagine della veste nell’opera di Origene, Studia ephemeridis “Augustinianum” 79 (Roma: Institutum Patristicum Augustinianum, 2002), 8, nota 8. También cf. Samuel Fernández, Cristo médico, según Orígenes: la actividad médica como metáfora de la acción divina, Studia Ephemeridis Augustinianum 64 (Roma: Institutum Patristicum Augustinianum, 1999), 10.

15

Cf. Aristoteles, Poetica 1457b 7.

16

Cf. Cicero, Brutus 274.

17

Cf. Mt 15,17.

18

Si bien se asigna a los textos griegos, y de autenticidad no discutida, un nivel de autoridad superior, igualmente se consideran los textos conservados en latín, en la medida en que su contenido teológico es concordante con los primeros. En todo caso, se harán observaciones críticas cuando sea necesario.

19

Fernando Soler, “The Theological Use of Eating and Drinking Metaphors in Origen’s De Principiis,” Zeitschrift für Antikes Christentum 23, no. 1 (2019): 4–20, especialmente la nota 6.